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martes, 22 de octubre de 2013

RECUERDOS


MEMORIAS DESDE LA INMIGRACIÓN.
(Parte I)

De artista a recolector de frutas o labriego de la tierra, solo un lapsus.

No me avergüenzo, fue mi decisión, dura, pero fue mía, como mías fueron las ganas y la ilusión de ver días mejores para los míos,  con  el frío del norte o el calor del sur, sobre las espaldas, a cada pisada que doy le pongo un nombre, como si de una obra de arte se tratase, porque siento que parte mía se queda en ella.
No he olvidado lo que deje atrás, quizá nunca lo deje por que aprendí a hacerlo invisible, para verlo todos los días; No me siento extranjero fuera de mi tierra, porque siempre he sabido que no somos ciudadanos de un continente, sino ciudadanos de un universo. Las raíces de nuestra cultura nos marcan y definen con trascendencia cósmica; y si nos empeñamos en decirlo, diré que todos somos embajadores de esta tierra. Como dijo el grano de arena antes de hacer el desierto, -soy pequeño pero haré lo que pueda- con esa premisa me forjo el día a día, sin olvidar que los mejores días los llevamos dentro, solo buscamos vivir con dignidad, donde el termino humano nos defina plenamente.
Durante años vi cómo se nos pretendía quitar la dignidad, y la dignidad no se da ni se vende a ningún precio. Tanto dolor sufrido puede hacer de nosotros meros “entes” fríos, apáticos, calculadores e insensibles, o transformarnos en humanistas, que aprenden a partirse y repartirse por lo que más quieren y valoran.
Soñando que otro mundo es posible, nos convertimos en forjadores de realidades, despertando ilusiones construimos satisfacciones y persiguiendo quimeras atrapamos lo efímero.

Nelson.

Lorca, 2001.